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Ejemplares de lotus kunkelii (Foto TA) Ejemplares de lotus kunkelii (Foto TA)

La pérdida de suelo arenoso pone en jaque a la 'lotus kunkelli'

El endemismo que crece en la costa de Jinámar continúa en riesgo de extinción

Dojeda Martes, 19 de Julio de 2016 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Telde.- A la yerbamuda, una planta en extinción única en el mundo, le robaron la arena. De eso hace ya mucho. Décadas. Pero la Lotus Kunkelli, que es como la conocen los científicos, no lo olvida. Y es que para este pequeño arbusto aquel campo de dunas que había en Jinámar tenía parte de los secretos de su supervivencia. El Cabildo estudia devolverle aquella arena.

 

Según publica Canarias7 en una completa información de Gaumet Florido, hace muchos años, allá por los 50 o 60 del pasado siglo XX, la desembocadura del barranco de Las Goteras por Jinámar estaba cubierta por un sistema dunar. Hay fotos que dan fe de ello. Pero con la fiebre desarrollista posterior y la necesidad de alimentar las hormigoneras para saciar el apetito constructor de la época se desnudó la costa jinamera de su milenario manto arenoso.

 

Así fue durante años de extracciones ilegales. Le robaron el paisaje a aquella playa, y hasta un antiguo barranco, el de Cañada Rica. De paso, le quitaron el sustrato a la yerbamuda. “Ahora sobrevive en un suelo que no es el suyo”, advierte Ana Ramos, coordinadora del Plan de Recuperación de la Lotus Kunkelli, que lleva años dedicada a su salvación.

 

El nivel del suelo, añade Ramos, bajó 10 metros, al pasar la cota del terreno de los 16 metros a los 9 sobre el nivel del mar. Así las cosas, y aunque aún no pasa de ser una idea, en el Cabildo se estudia la posibilidad de devolverle a la planta parte de la arena que le quitaron. Se la reintegrarían de forma artificial. Explica Ramos que ya lo intentaron de forma natural y que no ha sido posible.

 

Crearon unos recodos circulares, a modo de goros, reforzados con ejemplares de traganum, una planta fanerógama que contribuye a la formación de dunas. Pero no funcionó.

 

“La dinámica sedimentaria marina se ha roto, no logramos que acumularan arena, así que por métodos naturales no se puede hacer”, indica. Esa falta de suelo, de su suelo, una sucesión de años de muy poca pluviosidad y los estragos causados por los conejos han frustrado en parte el plan de repoblación de la yerbamuda en su propio hábitat, en torno a lo que se llama la Peña de Medio Mundo y la desembocadura del barranco de Jinámar. Pero hay indicios para la esperanza.

 

Sin ir más lejos, un seguimiento demográfico exhaustivo que están realizando investigadores de las universidades de Las Palmas de Gran Canaria y de La Laguna permite aventurar que la población natural de la planta “está estable”. Es un avance, aún provisional, de las conclusiones del estudio, al que le falta todavía un año, pero da oxígeno a la yerbamuda y su futuro.

 

5.000 semillas nuevas

Las mismas lluvias de octubre que causaron graves daños en diversos puntos de Telde y de la capital dieron un balón de oxígeno a la población natural de yerbamudas que sobrevive aislada en este recodo costero del sur de la capital grancanaria. Casi hibernadas, los pocos ejemplares que aún crecen salvajes rebrotaron y han regalado a la naturaleza, y al plan de recuperación de esta especie, nada menos que 5.000 semillas nuevas que fueron recolectadas semanas atrás por personal técnico especializado de la Consejería de Medio Ambiente del Cabildo.

 

Todo ese material ha sido ahora conservado en las condiciones adecuadas de humedad (un 15%) y de temperatura (15 ºC) en el Banco de Semillas del Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo. De forma simultánea, personal del Vivero Forestal de Tafira recolectó 60 fragmentos de ramas aún tiernas para así clonarlos y ampliar así la representación de la variabilidad genética de la población natural.

 

Hay algo más de 100

El último recuento efectuado en su hábitat desveló que ahora mismo sobreviven en Jinámar algo más de 100 ejemplares. Con todo, la buena noticia es que en el Vivero Forestal de Tafira se cuenta con entre 700 y 800 ejemplares, reproducidos en laboratorio.

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