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Jueves, 15 de Enero de 2026

Actualizada Jueves, 15 de Enero de 2026 a las 22:17:40 horas

A colación del reciente accidente de las costas de Gáldar

La historiadora y vecina teldense Luz Marina Delgado comparte una reflexión sobre el trágico suceso

dojeda Miércoles, 20 de Abril de 2022 Tiempo de lectura:

Escribo hoy sobre el accidente que se llevó la vida de un hombre de 56 años acaeció el pasado 12 de abril de este año. Mi queja directa es hacia los servicios de la Guardia Civil personada en el lugar y otros agentes del órden.

 

Resulta que en esa "emboscada" del mar habían dos hombres de casi las mismas edades. Amigos de la infancia y juventud, que el destino quiso separarlos ese día en las costas del norte.

 

En el malogrado suceso pereció uno de los amigos, de un golpe de una ola traicionera. El otro, y es de éste del que quiero hablar, fue el desgraciado testigo del horrible fin.

 

Cuando este amigo se da la vuelta, el otro compañero ya se había caído. Él desesperado y preocupado no lo vió hasta que llegó muy lejos de él. Gracias a un tercer pescador desconocido, se alertó a las autoridades sanitarias, puesto que los amigos perdieron sus pertenencias personales con la ola asesina.

 

He aquí que, al llegar las ambulancias, los Cuerpos de Seguridad del Estado y el helicóptero de salvamento marítimo, es cuando comienza una odisea para el sobreviviente.

 

Resulta que el chico, claramente conmocionado, no fue atendido por responsable alguno. Ni me valoraron físicamente (la tensión arterial, pulsaciones, shock emocional...) y, lo peor de todo, le dejaron "tirado" en la cuneta de esa mortal costa a su suerte.

 

El hombre estaba en estado de shock. No se acordaba ni de los datos personales de su amigo (apellidos, nombre de su esposa, su madre, etcétera) del bloqueo que sufría. Nadie le preguntó en esa costa si se encontraba bien, mal o regular. Nadie lo estudió de emergencia, nadie le tranquilizó de su agonía por ver desaparecer a su amigo en el inmenso mar. Nadie le dio consuelo de haber pasado un día de pesca y relax en un mortífero martes.

 

La cuestión es que se quedó con lo puesto y allí lo dejaron. Él, al ver que se iban los recursos del Estado, se dio cuenta que no tenía dinero ni móvil para salir de aquel agujero mortal (tampoco le preguntaron). Un Guardia Civil le dio 5 euros para que regresara a su casa en Telde, ese fue el único gesto que tuvieron de "humanidad" por una víctima de accidente.

 

El sobreviviente marcha como puede, puesto que estuvo desorientado en cada parada que hizo hasta llegar a la guagua final, a su casa en varias guaguas desde esas costas a Telde, que es donde residía. Su estado era tal que, al llegar a la Estación de Guaguas de Las Palmas quiso llamar a su esposa, o a su suegra, o a alguno de sus hijos para que lo fueran a recoger pero no se acordaba de ningún número de teléfono. Estaba totalmente eclipsado por la situación. Llegó por fin a Telde, pero no paró en su casa, fue directo a la casa de su amigo para informar a su madre del suceso pero ya ésta lo sabía porque la habían llamado la policía por "teléfono" para informarle del fallecimiento de su hijo. Cuando llegó el amigo, ya todo había ocurrido... desde el tiempo del suceso hasta su periplo a casa fue de cuatro interminables horas.

 

Mi queja es simple, ¿Así tratan los sanitarios y la policía a una víctima de accidente? Creo que es inhumano que seas testigo fatal de algo como eso y que te dejen tirado cual colilla sin apenas comprobar que no estás desorientado, que te encuentras bien y lúcido para llegar al lugar que residas y sobre todo, ¿Por qué demonios no llevaron a ese hombre a su casa? ¿Por qué los sanitarios no le atendieron a él, como mínimo, no le administraron un calmante para la tensión o algo? Si es así como nos tratan a los ciudadanos cuando somos los testigos de un desenlace fatal... apaga la luz y vámonos. No señores, nuestros impuestos es para que los otros también estén atendidos y no dejar vagando a una persona por las calles conmocionado y a su suerte... eso no es servir al ciudadano. La indignación que se ha vivido en ese tanatorio al conocer el comportamiento de quienes nos protegen ha sido mayúsculo.

 

Desde aquí, invito a las autoridades a meditar sobre lo sucedido, por si en algún momento de sus vidas (que ojalá que no) tengan que vivir esas mismas circunstancias tan desfavorables e inverosímiles.

 

Luz Marina Delgado Hernández es historiadora y vecina de Telde.

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