​La exdiputada de Ciudadanos, Vidina Espino, se va a unir a colaborar dice con Coalición Canaria, un partido que fue al que más atacó en las últimas elecciones autonómicas, pero está claro que las cosas han cambiado. De ser el partido que peor gestionaba el archipiélago a ser el partido nacionalista, el que, para ella, mejor representa los intereses de Canarias. Así que las cosas de la política, Dios los cría y ellos se juntan.
El mismo acercamiento a CC han hecho dos concejales ex de Ciudadanos en Arucas y Las Palmas de Gran Canaria. De un partido antinacionalista a un partido nacionalista no independentista. Están en su derecho, aunque sea contradictorio.
A nadie se le esconde que, tras el batacazo electoral de Albert Rivera por sus propios errores, no querer pactar con el psoe de Sánchez, entre ellos, han convertido a lo que queda de ese partido en un fantasma. Desaparecerá pronto. Y la mayoría de sus activos se están marchando también en las islas, o al PP o en este caso a Coalición Canaria.
Esto no es nuevo en política, ni en la derecha, ni en la izquierda y ni en el nacionalismo. Pasa hasta internamente cuando algunos saltan del barco cuando el barco se hunde, el caso de los que fueron de Casado a muerte y lo dijeron 10 horas antes de luego apoyar también a viva voz a Feijó.
Los cambios de posición no son ni buenos ni malos, ahora bien, lo que tienen que hacer es explicarlos todos de forma coherente y con criterio.































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