Los versos del poeta sobre la lava
Dedicado a la ciudad de Telde, a sus munícipes y sus habitantes, agradeciéndoles su entrega y generosidad a la hora de recordar y homenajear a uno de sus conciudadanos más destacados en pro de la cultura y el medioambiente.
Es este un momento de albricias, de permitir la necesaria manifestación de la alegría, de que en nuestros rostros afloren las mejores y más sinceras sonrisas.
Es el momento de creer en la buena gente, de mantener la esperanza en el ser humano, aunque muchos se empeñen en hacer sonar tambores de guerra y utilizar el catastrofismo como único método para ensombrecer nuestros espíritus, encoger nuestras almas y volver gris nuestra vida diaria.
Es curioso, pero hasta a mí, recalcitrante optimista, me resulta extraño iniciar un artículo tan gratificante, acostumbrado como estoy, siempre desde la esperanza del cambio, a desvelar paisajes mancillados, yacimientos abandonados, poblaciones de animales y plantas amenazadas en mis paseos diarios por este territorio municipal que sigue siendo, a pesar de todo ello, rico en espacios y especies y tan bello como cualquier otro.
Falta sólo eso, ponerlo en valor y conservarlo luego. O conservarlo primero, pues la presión que reciben algunos espacios y especies es tal que no disponen de tanto tiempo y se vuelve preocupante en ellos cualquier demora.
No debería ser así. No deberían mantenernos en un desasosiego permanente. Las noticias que se publican a diario, deberían provocarnos una sonrisa y no una desilusión, una alegría de vivir, un estado de satisfacción acorde con la realidad intrínseca del ser humano.
Si en realidad no es así, si los medios de comunicación con sus noticias se vuelven angustiosos y preocupantes, si sólo nos ofertan el lado oscuro del ser humano, sus tragedias y miserias, me sumo a la tendencia de muchas personas a desconectar de ellos y buscar en la vida que oferta el medio que nos rodea la alegría de vivir. No hay duda alguna en que es una lógica y gratificante respuesta.
Yo lo hago. Eso me permite mantener el sentido crítico en todo momento. Observo el medio por donde camino con extraordinaria imparcialidad y enorme sintonía con el ecosistema que exploro, desde el respeto por las especies que son los verdaderos habitantes del espacio transitado. Habitantes con todos sus derechos pues forman parte del entramando vital que supone cualquier ecosistema en equilibrio.
Tras observarlo, vivirlo, experimentarlo, lo presento a ustedes desde la belleza del mismo, denunciando las agresiones que sobre su hábitat ejerce el ser humano, un hábitat que no nos pertenece desde la visión antropocéntrica del uso y el abuso. Son precisamente los abusos que hacemos del mismo, nuestra injerencia perniciosa en su paisaje -basuras, canteras, explotaciones de diversa índole, expolios...- la razón de mis lamentos y el objeto de mis denuncias.
Por eso ahora, ante esta noticia gratificante, siento con enorme satisfacción como mi corazón se llena y su alegría me desborda.
Algo está cambiando amigo Roque López González. Nunca olvido tu recomendación de hace unos meses sobre la importancia de dar noticias que alegren el cuerpo y el alma. No siempre puedo, pues las agresiones gratuitas al medio basadas en la sin razón, la avaricia y la ignorancia de algunos seres humanos me enervan y es mi obligación denunciarlas, pero esta vez, puedo darte la razón y alegrar el día a muchas personas. Espero que estas noticias gratificantes se conviertan en tendencia, en ese caso, mi satisfacción no conocería límites.
Como todo aquello que tiene valor, hubo que esperar un tiempo prudencial. Dos años duró el hermoso periplo, que jamás fue un calvario pues, desde el inicio de la propuesta, alentada por amigos entrañables del ahora homenajeado, fue pergeñándose, paso a paso, lento en su avance algunas veces, pero jamás perdiendo la decisión y firmeza pretendida, la mira puesta en el objetivo final.
Paso a paso se fueron uniendo a la propuesta esfuerzos y voluntades de otras personas que reconocían el valor social y humano de José Luis González Ruano.
A estas personas se fueron sumando colectivos y a éstos, instituciones que, desde el mundo de la cultura, del turismo y del medioambiente supieron valorar el trabajo realizado durante varias décadas, desde el silencio y la prudencia del hombre y de su manifiesta tendencia a ayudar siempre desde la sombra, manteniéndose a un lado.
Siempre he valorado en él esa faceta del ser humano. Con una coherencia y unos principios inalterables, con una honradez y una equidad encomiables, con una defensa a ultranza de sus ideales conservacionistas, con una firma apuesta por la cultura, el turismo de calidad, el medioambiente y su equilibrio, siempre, desde el altruismo, nunca pretendió un lugar en la foto, un protagonismo en la noticia.
Caminar con él significaba interpretar la vida. Caminar con él suponía sentir y formar parte del mar que tanto admiraba.
Junto a él percibí, como una vivencia indeleble, su admiración por Ernest Hemingway. Observé su rostro, al fotografiarlo junto al busto que del egregio Premio Nobel se muestra con orgullo en el Paseo de Hemingway, junto la plaza de toros de Pamplona. Siempre jóvenes y vitales, Pepe y Ernest semejaban un rostro único. Aquel que manifiesta la pasión por la vida, la amistad y el conocimiento.
Junto a él sentí su admiración por Álvaro Cunqueiro. Observé su rostro, al fotografiarlo, inclinado sobre la escultura que, sentado y con las piernas cruzadas en una plácida postura de observación y descanso, tiene el mítico escritor gallego frente a la catedral de Mondoñedo -la popularmente conocida como catedral arrodillada, por su baja altura y perfectas proporciones-, en su villa natal. Un monumento iniciado en los albores del siglo XIII y que luce con orgullo arte románico, gótico, barroco y rococó- Un Patrimonio de la Humanidad que ha celebrado recientemente sus ochocientos años de historia-.
También allí manifestaba su rostro la mismas placidez, alegría y orgullo que sentía el escritor mindoniense ante la catedral y su plaza.
En ambos casos su pasión fue la mía y ambos escritores pasaron a formar parte de mis referentes literarios.
Es por todo ello que les invito a acompañarme en el acto de homenaje que en la Biblioteca de Arnao le ha preparado el departamento de Cultura del Ayuntamiento de Telde, sus amigos y compañeros de vida, de lucha ecológica, de historias y versos. Será el jueves 21 de abril, dentro de los actos a celebrar con motivo de la Feria del Libro
Les invito igualmente al acto de homenaje -aún sin fecha-, que se llevará a cabo en el Paseo de Litoral, a la altura del Bufadero, muy cerca de su querida playa de la Garita. Homenaje a su poder creativo y calidad literaria, plasmada en esos versos sueltos que llevan dos años rondando por el bufadero en busca de la piedra volcánica donde reposar sus anhelos.
“Sobre la costa hundida
arde una estatua de salitre
para los pájaros pacíficos
que me piden palabras
con su aleteo humilde”
Los he visto tantas veces, bañándose en el bufadero,
que cuando en la piedra queden sujetas para el eterno,
no necesitaré buscarlos en mis diarios paseos,
pues fijos en la memoria, en mi interior los leo
surgiendo con la gracilidad del ave
presentándose con la plasticidad del verso.
Ahí están ahora, jugueteando al viento.
Los observa mi mirada y la de aquel lagarto clueco,
que ante el gato que lo acecha,
se oculta en lugar secreto.
Los leo porque están claros,
como el diáfano cielo
de una Garita profunda
que me observa con recelo.
Y es que no voy caminando,
si acaso, con alas vuelo,
pues mis pensamientos caminan
tras un velo de recuerdos.
Ahora sé que el sueño se ha cumplido. Sobre la fría lava del dolmen volcánico
los versos encontrarán al fin su seno.
Descansarán de su aleteo humilde, observarán por los siglos de los siglos, bufar al bufadero. Escuchará la piedra, orgullosa de sus versos, el profundo bramido del eterno océano o acaso verá cómo sus aguas besan, con amoroso celo, la escalera basáltica del Corral de las Yeguas.
Al pie del imperturbable obelisco, la vida vegetal ofertará el color de sus flores a los versos del poeta.
El amarillo pálido de los corazoncillos, el blanco inmaculado de las magarzas de costa y los alegres y atrevidos rosáceos de las siemprevivas marinas.
Junto al tótem mineral, un tótem vegetal. Junto al ser humano capaz de plasmar con su sensibilidad la belleza de este espacio, un dragón vegetal, mito botánico cuya savia dio lugar a numerosas leyendas. Árbol centenario, inmortal como el poeta gariteño.
El drago y José Luis González-Ruano, dos corazones verdes y azules latiendo al unísono en su mirador de La Garita, envueltos en un sueño de lava.































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