Impresiona. Porque la erupción de un volcán siempre impresiona. La naturaleza saca toda su furia y nos regala un espectáculo único. Hoy todos miramos a La Palma. Hasta el presidente del Gobierno de España rompe con su agenda y viaja a la isla para seguir de cerca la evolución del acontecimiento y sus afecciones. Redes sociales y medios de comunicación no hablan de otra cosa.
Pero llegará un momento en que la Tierra deje de rugir, que el volcán de Cabeza de Vaca, o como lo vayan a llamar, se apague y que los focos de los flashes busquen otros encuadres. ¿Qué pasará entonces? Pues que vendrán tiempos duros para los afectados, que han perdido todo, o casi todo, y también para los palmeros. Necesitarán respuestas, y sobre todo, soluciones. Llegado ese momento, se verán bastante más solos y eso debemos evitarlo.
Es el verdadero reto al que deberán enfrentarse las administraciones. Es verdad que ahora lo urgente es solventar la emergencia y en eso están, pero nada impide que se empiece a trabajar en el día después. Atendiendo a los últimos datos, ya se sabe que más de 180 familias se han quedado sin casas. Y habrá otro grupo que, además, haya perdido su medio de vida. Fincas enteras han quedado sepultadas por la colada.
Desconozco si será viable que se recuperen algunas propiedades. O si todo ese espacio, antes de particulares, quedará ahora como suelo protegido. No lo sé. Son muchas las incógnitas, pero parece sensato reclamar que aquellos que tengan las respuestas y las soluciones arbitren los mecanismos para que no les pase como a otros damnificados por catástrofes anteriores, como, por ejemplo, a los de los incendios forestales, a los que han condenado a un injusto peregrinaje burocrático.
Gaumet Florido es periodista y redactor de Canarias7.





























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