Estupefacto. Las pupilas se dilataron ante lo que acababa de escuchar. Asombrado, me quedé con la boca abierta. Mudo. Tras certificar de que no estaba soñando, superé el vahío y me vino a la menta “la máquina del fango” que con extraordinaria lucidez describió Umberto Eco.
Teodoro Sosa, alcalde de Gáldar, consejero insular y aspirante a presidente del Cabildo en la próxima legislatura, respondía a una entrevista. Habló del camino de Santiago, defendió su verdad sobre los beneficios de la central hidroeléctrica de Chira, hasta que el periodista le preguntó si creía que el descubridor de Risco Caído, el arqueólogo Julio Cuenca, era merecedor del Premio Canarias por sus investigaciones del evento astronómico que ha encumbrado este yacimiento al olimpo del Patrimonio de la Humanidad.
“Yo tengo mis matices de que lo haya descubierto una persona u otra; tu escuchas a la gente de arriba y hay versiones contradictorias. No voy a entrar en eso porque sería abrir otra polémica”. Así empezó Teo su respuesta. Y fue en ese momento cuando se paró mi respiración. No daba crédito.
Que todo un consejero de la Presidencia y de Patrimonio Histórico cuestionara la autoría del mayor descubrimiento arqueológico de la última centuria en Canarias destila una frivolidad intelectual sin paragón. Y el argumento científico para soltar semejante necedad es lo que oye “a la gente de arriba”. Sin comentarios. Además de falta de rigor por no contrastar, Teo destila cinismo al manifestar: “No voy a entrar en eso porque sería abrir otra polémica”. Pero entra a sembrar dudas. Cuando no hay argumentos…. La máquina del fango.
El gran mérito del señor Cuenca, más allá del descubrimiento de la cueva, son sus 30 años de investigación en las Montañas Sagradas de Gran Canaria. Un trabajo de campo que le condujo a Risco Caído, con la espectacular bóveda que corona la cueva 6 del conjunto arqueológico. Si la Unesco ha otorgado reconocimiento internacional a este yacimiento no sólo es por la construcción de una cueva por una civilización que desconocía el metal y que ha asombrado a arquitectos del siglo XXI por la perfección matemática de la cúpula, ni por los grabados púbicos que ilumina el haz de luz que penetra durante el solsticio por un orificio labrado con piedras y manos. No. Es Patrimonio de la Humanidad por la investigación del fenómeno solar que idearon los canarios para establecer un calendario, una investigación que ha puesto de relieve la sabiduría de una gente que imaginó, antes de construirlo, un instrumento para descifrar las señales del cielo. Y también por sus indagaciones en los yacimientos que salpican la cumbre grancanaria, ahora denominada, en mayúscula, Montanas Sagradas. Y eso es obra exclusiva, repito Teo, exclusiva, de Julio Cuenca, el descubridor de un nuevo paradigma. Por eso, Teo, merece ser Premio Canarias. Y también respeto.
La sociedad debe saber que el descubridor de esta joya de la arqueoastronomía es un profesional al que el Cabildo ha apartado del proyecto y al que no le da ni un solo trabajo. Este cainismo se debe a la firma que estampó, en la primavera de 2019, en un manifiesto en el que se pedía que expertos internacionales valoraran si la central de Chira es la mejor opción para favorecer la transición energética que necesita nuestra tierra.
Teo, la única fuente fiable de esa “gente de arriba” a la que aludes es Pedro Melián, el dueño de Risco Caído hasta que el Cabildo le compró sus cuevas. El te dirá quién fue la primera persona que le dijo que el establo de sus cabras fue, hace siglos, un templo para los primeros pobladores del archipiélago.
Luis Socorro es periodista.






























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