TELDEACTUALIDAD
Telde.- La pasada semana, este diario se hizo eco del premio de 240.000 euros, gracias al Sueldazo de la Once, que había caído en Telde.
El vendedor del premio fue Echeide Quintana, hasta hace muy poco, luchador del Castro Morales, el equipo del municipio y que tiene tras de sí una historia de superación, demostrando lo que es la lucha canaria, pues a pesar de su discapacidad auditiva, ha estado hasta el último instante defendiendo a su club con la ropa de brega y solo una grave lesión le apartó del terrero, según se indica en un reportaje de Canarias7.
A Echeide se le puede ver vendiendo sus cupones por los barrios del Goro, Mar Pequeña, San Gregorio o Lomo Cementerio, donde ahora está el nuevo terrero de los sureños. «Empecé a luchar en juveniles, en el Castro Morales en el terrero del Paco Artiles, hasta que en senior tuve que dejar la lucha por temas laborales. Posteriormente comencé a tener problemas de audición. Me tuve que operar y aunque la lucha era mi pasión tenía temor de regresar en mis condiciones y verme un poco indefenso», nos comentaba sobre sus inicios.
A pesar de todo, la insistencia de hombres como Gonzalo Pulido o los hermanos Jaime y Jorge Rivero, convencieron al luchador para volver a bregar. «Mi gran problema era que la agarrada se iniciaba a toque de pito y no lo oía. Se llegó a un acuerdo con los árbitros para que a la vez que hacían sonar el silbato me tocaran la espalda. También he de agradecer a los rivales que fueron razonables y no se quisieron aprovechar de esa ventaja, por lo que no perdí la esperanza de seguir en activo. En la lucha hay mucho compañerismo no solo por parte de tu equipo sino también de los adversarios. Nos ayudamos unos a otros y eso colaboró a que volviera a competir», relata.
Quintana cambiaba de expresión cuando le venían esos recuerdos. «En momentos difíciles y complicados, cuando no estaba bien, ahí aparecían mis compañeros del Castro para estar conmigo y que recuperara la alegría. Nunca les podré agradecer lo mucho que me ayudaron», dice.
También las anécdotas en el terrero pasaban por su mente. «Recuerdo en los comienzos una con Iván Monzón. Estábamos agarrando cerca de las dos líneas y el árbitro hizo sonar su silbato, pero yo no lo oí. Iván ya había aflojado y lo tumbé. Todavía veo la cara que se le quedó, un poco enfadado. Después le explicamos la situación y lo entendió sin mayor problema», recuerda.
El pasado año tuvo una lesión de ligamentos en la rodilla, que requirió de una intervención quirúrgica. A la vez también tenía afectado el menisco por lo que se vio obligado a colgar la ropa de brega. «He tenido la suerte que en enero de este año la ONCE me dio la oportunidad de trabajar por mi discapacidad auditiva, y he podido repartir ya varios premios además del principal de hace unos días», afirma.
Cuestionado sobre que le proporcionaba más felicidad, si un título con su club o repartir un premio de la ONCE, tuvo una respuesta salomónica: «Para mí, al 50% ya que ganar un campeonato con el Castro, como el último de la lucha corrida ante Maninidra, la alegría que te proporciona es inmensa. También lo es repartir premios de la ONCE, especialmente a gente humilde o personas que lo están pasando mal con el tema de la pandemia. Eso me proporciona una gran felicidad, el poder llevar un poco de esperanza», finaliza.
Fuente: Texto de Pedro Reyes/C7.


























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