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Celina anima al vecindario desde la azotea de su casa (Foto TA y C7) Celina anima al vecindario desde la azotea de su casa (Foto TA y C7)

Y Celina se subió a la azotea...

La dueña de la icónica Churrería Melián, junto a su marido, anima cada día megáfono en mano desde la cubierta de su negocio durante la cuarentena

direojed Lunes, 20 de Abril de 2020 Tiempo de lectura:

TELDEACTUALIDAD

Telde.- Celina, dueña junto a su marido de la icónica Churrería Melián, anima cada día desde la azotea a sus vecinos durante la cuarentena. Lo hace con música canaria y brindando reconocimientos a los que desarrollan una labor esencial frente al virus.

 

Es puntual a su cita. A las 18.00 horas los siete días de la semana está, megáfono en mano, animando al vecindario en la azotea del portal número 3 de la calle Lagunetas, en Los Llanos, según detalla Ronald Ramírez en un reportaje de Canarias7.

 

Porque aunque Celina Mendoza libraba dos veces en semana cuando, antes de la crisis sanitaria, la Churrería Melián cerraba por descanso, ahora no se permite días de ocio. Si para el coronavirus no hay respiro, para ella tampoco. Lo hace con el apoyo de su marido, Paco Melián, aunque sea solo de manera presencial. A él no le gusta acaparar los focos y deja el protagonismo a su compañera de viaje.

 

El agradecimiento a los sanitarios es inamovible en cada una de sus actuaciones, pero de resto intenta variar el repertorio. Ya lo hace con su vestimenta, utilizando ropa típica de cada isla para que todo el archipiélago se sienta identificado. También con la equipación de los respectivos equipos de fútbol. Incluso con la del Tenerife, porque el virus no entiende de rivalidades.

 

Y después de su protocolario homenaje a médicos y enfermeros, reparte ánimos y reconocimientos al resto de colectivos que diariamente se enfrentan cara a cara al virus y cuyas funciones, vitales para la supervivencia del país, les llevan a estar expuestos a un posible contagio.

 

 

"Me gusta alegrar a la gente, para mí es un desahogo"

«Fe es mi palabra mágica y es lo que nunca debemos perder», insiste esta mujer cuyo carisma se ha ganado el reconocimiento de la ciudad al completo. La noche del sábado 14 de marzo se declaró la cuarentena y el domingo 15 ya estaba ella levantando la moral a todos desde la parte alta de su vivienda. «Me gusta alegrar a la gente. Para mi es un desahogo y para el resto, un rayo de esperanza», resuelve Celina.

 

Con el paso de los días y las semanas, su público ha ido creciendo. Ya no se limita a los vecinos más cercanos, sino que sus shows traspasan fronteras. Mari Carmen Trujillo, la dueña de la Floristería Guimaguada, que vive a escasos metros de ella, graba todas sus actuaciones. Y Mendoza, cuando termina cada espectáculo, comparte el vídeo a través de sus grupos de Whatsapp y de las redes sociales. «Tengo amigos en todas partes y la gente ya se ha enganchado. Como tarde más de la cuenta en enviar las grabaciones enseguida me piden explicaciones», relata, satisfecha de poder hacer un bien social en un momento tan delicado.

 

Su puesta en escena, que realiza una hora antes de los aplausos para no solaparse con el homenaje a los sanitarios, dura alrededor de un cuarto de hora, e incluye felicitaciones por cumpleaños, gestos a distintos colectivos, recuerdo tanto a los familiares de los fallecidos como a los hospitalizados y música de artistas canarios. La promoción de lo vernáculo es una prioridad para ella. «Pongo a José Vélez, Braulio, Rosana, Efecto Pasillo, a mi amigo el Vega, Los Gofiones, el Trío Zapatista...», enumera una churrera cuyo desparpajo y voluntad comunitaria le llevaron a dar el pregón de las fiestas de San Gregorio en 2018.

 

Y esta improvisada llamada al optimismo ya es una medicina diaria que muchos consumen para soportar los avatares que está provocando un estado de alarma cuyo fin se desconoce.

 

Hace dos días, vecinos de Franchy Roca le pidieron un saludo, ya que aunque no ven a Celina, sí que escuchan sus gritos con el megáfono desde sus ventanas y se han abonado a esas dosis de autoestima. Y ella respondió, por supuesto.

 

Lo hace con todos, por eso sube siempre a la azotea con la lista escrita de los homenajeados de la jornada, no sea que le falle la memoria y deje a alguien atrás. «Mi marido al principio me decía que estaba loca, pero es que a mi si se me baja la moral ya no soy capaz de levantarla nunca más. Para nosotros es muy fastidiado tener la churrería cerrada, los dos somos autónomos y lo pasamos mal como otra mucha gente», admite.

 

Por eso sabe que hoy más que nunca hay que mantener el optimismo, la unión y el cariño, a pesar de que ahora estén prohibidos los besos y los abrazos que tanto le gustan a ella, para cumplir con el deber cívico de quedarse en casa sin que el desánimo gane esta batalla.

 

No se le permite el servicio a domicilio

Esta pareja de emprendedores no entiende que no puedan trabajar a domicilio como otros restaurantes. «Podríamos ofrecer un servicio para llevar, pero no nos dejan. Y como el resto de churrerías de la ciudad permanecen cerradas, sería una falta de respeto que nosotros sí abriéramos», explica Celina

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