GAUMET FLORIDO
De alguna manera hice el ridículo. Discuto con vehemencia (es un defecto, qué le voy a hacer) y hasta hace unos días me fajaba en demostrar que no había nada que temer, que el coronavirus era y es como una gripe, que el único problema era que se contagiaba con bastante más facilidad, que los chinos eran un poco exagerados con aquellas medidas...
Ahora siento que estaba equivocado. Insistía, y sigo insistiendo, en la importancia de guiarse por lo que nos llegaba y llegue de las fuentes oficiales. No podemos dejarnos llevar por bulos malintencionados. Y menos ahora, con la que está cayendo.
Pero me muerdo la lengua si me reprimo un reproche: tengo la sensación de que no nos dijeron todo lo que sabían. Aunque se desarrolle de forma leve en la inmensa mayoría de los contagiados, también es verdad que, visto lo visto, causa estragos en la población más vulnerable, y eso me genera una enorme intranquilidad. Una simple gripe no se lleva por delante, como se informó ayer, a una veintena de mayores de una residencia de Madrid. Una noticia así no precisa de aderezos sensacionalistas.
Y por más que uno haga esfuerzos por no caer en el miedo, es inevitable llenarse de dudas. No sé si es que no manejaban todavía todas las claves o si lo que buscaban era evitar una sensación de histeria colectiva, pero tengo claro que ahora, a toro pasado, no habría expuesto tanto a las personas mayores de mi familia. En una sociedad como la nuestra no hay día en que no nos veamos participando en actos más o menos multitudinarios, desde una simple misa a un concierto, y sabiendo lo que ahora sabemos, muchos los habríamos evitado.
Me quita el sueño la idea de que a lo mejor habrá mucha gente que acabará pagando un precio muy alto por esa fase inicial de no hay nada que temer, está todo controlado.
En asuntos de este calado, cuando lo que se juega es la salud, y no solo la individual, sino la colectiva, vale más pecar por exceso que por defecto. Creo que hasta los que han gestionado esta crisis darían lo que fuera por que fuera posible volver atrás en el tiempo y haber adoptado mucho antes algunas de estas medidas de contención.
En fin, lamentarse no vale de mucho, salvo para desahogarse. Toca apretar los dientes y aguantar. Que de esta tenemos que salir. Todos juntos. O los más posibles.
Gaumet Florido Medina es periodista y redactor de Canarias7 en Telde.


























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