GAUMET FLORIDO
No hay manera. España no aprende. Vive abonada al pleito, la confrontación, el insulto y la deslegitimación del adversario, a costa de lo que sea. La oposición, encabezada por el PP, ha vuelto a demostrarlo con su sobreactuada puesta en escena respecto a la apertura del diálogo entre los gobiernos central y catalán.
Otra vez que si se rompe España, que si España se arrodilla, que si partición por entregas... escenarios todos catastrofistas que abonan el odio entre españoles y que solo conducen al peor de los descréditos, al descrédito que nunca debería permitirse un país, que es el de su sistema democrático. Ya se vieron Sánchez y Torra. ¿Y? ¿Ha pasado algo? No. Y lo perverso del asunto es que tanto Casado como Abascal como Arrimadas y como los propios interlocutores de esa mesa, es decir, Sánchez y Torra, saben que no podrá pasar nada. Al menos nada que no esté contemplado en nuestro régimen jurídico, y por tanto, en la Constitución.
De hecho, como Torra también lo sabe, anda como gallina sin nidal. No le gusta la foto de ese apretón de manos. No le renta para lo que busca, que no es otra cosa que el odio al otro, el extremismo, justo lo mismo de lo que aspiran a nutrirse Casado o Abascal. A Puigdemont tampoco le gusta. Le desarma. Le quita las alas. Por eso se acercó a vociferar a la frontera y a echar fuego a la caldera de los ánimos de los que se han creído, inocentes, el cuento de este lechero. ¡A las barricadas!, vino a gritarles más o menos. Insisto.
No me cansaré de repetirlo. ¿Qué es la democracia sino diálogo? ¿A quién le molesta que dos que no se entienden se sienten a hablar? ¿Qué problema hay? ¿O es que acaso la solución es volver a las trincheras? Estos días la gente se llevaba las manos a la cabeza tras conocer que NC y CC pactaban en Santa Lucía. Insisto. ¿Cuál es la solución? ¿El desgobierno? ¿O quizás que se citen a las puertas del Ayuntamiento, como colegiales, a darse de hostias a ver quién gana?
Lo malo no es que hayan pactado, lo malo es el discurso del enfrentamiento visceral que ambos, cada uno a su manera, abonaron antes de las elecciones. Ha pasado en Santa Lucía, pasó en Telde, pasa en Cataluña y pasa en España. A la gente ya se le olvidó que no hace tanto en este país unos y otros se mataban y se perseguían por no pensar igual. La democracia, tomemos conciencia de una vez, es el imperio de la ley, pero también es diálogo y pacto.
Gaumet Florido es periodista y redactor de Canarias7.



























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