GAUMET FLORIDO
Ha estado estos días la política española algo revuelta (vaya novedad) a cuenta del reparto de puestos en la Mesa del Congreso, el órgano de dirección de la Cámara Baja. Los distintos grupos negocian el reparto de sus miembros para que su composición se ajuste en lo posible a la distribución de fuerzas en el hemiciclo.
En esta ocasión, los partidos de izquierda y los nacionalistas se pasaron semanas moviendo ficha para impedir que la extrema derecha de Vox, que suma 52 diputados, se sentara en esa bancada.
Frente a ellos, el PP rechazó prestarse a esa estrategia del cordón sanitario al partido de Abascal e hizo encaje de bolillos para no espantar del todo a los que son sus aliados en gobiernos autonómicos y ayuntamientos, pero que, al mismo tiempo, tampoco diera la sensación de que se rinden a sus encantos. ¿Y cómo lo hicieron? Incluyeron en su oferta de reparto a Ciudadanos pese a sus apenas 10 diputados. Pero picó en hueso. Abascal alegó que la fórmula le olía a cordón sanitario encubierto y la rechazó. No cede un punto.
No quiere acuerdos. Exige lo que le toca. ¿Por qué? Porque tensar es parte de la exitosa estrategia política de Vox. Saben que despiertan rechazo y juegan con eso. Saben que quieren aislarlos y lo rentabilizan. Venden la dignidad del mártir al que todos quieren crucificar. Su hoja de ruta es simple pero efectiva: se sirve del recelo al inmigrante; del miedo atávico a una posible ruptura de España por el conflicto de Cataluña; de desempolvar viejas y trasnochadas desconfianzas hacia determinadas ideologías o de inventarse enemigos donde no los hay, y para eso les vale tanto el feminismo como el ecologismo o el movimiento LGTBi. Y también recurren, como decía, al chantaje emocional e ideológico del mártir que, pese a los vientos en contra, se mantiene de pie y no cede en sus argumentos. Les ayuda a demostrar que ellos tienen la integridad que no tienen los otros grupos. Por eso pienso que la solución no pasa por aislarlos.
Valga si no el ejemplo del debate de las elecciones de noviembre. Los demás candidatos pasaron de Abascal y lo dejaron salir vivo de aquella refriega dialéctica con sus soflamas tan facilonas y demagógicas como inconsistentes. Además, al fin y al cabo, España es una democracia y a Vox lo han elegido millones de ciudadanos. No hay que aislarlos. Son parte del sistema, por mucho que no gusten. Al final se hicieron con una vicepresidencia del Congreso. Así pues, lo que toca es rebatirles.
Gaumet Florido Medina es periodista y redactor de Canarias7 en Telde.



























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