GAUMET FLORIDO
Este lunes teniÌa dos opciones, o despellejarme vivo, como supongo que le pasariÌa a los miles de conductores que se quedaron atrapados en la autojaula GC-1, o guardar la artilleriÌa para desahogarme en esta ventana privilegiada y hacer piña con la cofradiÌa del santo atasco para que nuestros lamentos lleguen a quien pueda ayudarnos, se apellide Morales, Clavijo, SaÌnchez, BorboÌn o, por queÌ no, Torra, que, vista la uÌltima propuesta de presupuestos del Estado, atrae pasta.
La GC-1 ya no puede llamarse autoviÌa. No lo es una viÌa raÌpida que se atasca diÌa siÌ, diÌa tambieÌn. Unas veces en direccioÌn norte, otras en direccioÌn sur. La uÌnica posibilidad que tenemos los que la sufrimos es que la cola del diÌa toque en el sentido contrario. Pero este lunes no tuve suerte. CaiÌ en ese sumidero sin remedio. Y durante una hora no tuve manera de librarme.
Iba para la capital, camino de la redaccioÌn, y me la topeÌ a la altura de la salida de la Base AeÌrea. Uff, respireÌ. No todo estaÌ perdido. PodiÌa escaparme por la carretera de El Goro, atravesar Telde por la circunvalacioÌn, seguir por JinaÌmar y salvar lo que presuponiÌa era el origen del atasco, a la altura de La Mareta, como en el 90% de las veces. Iluso de miÌ. Por Lomo Cementerio me estaba esperando otra vez. SolucioÌn. Me escapo por un atajo que conocemos unos cuantos. Por El Caracol. Lo cruzo y llego a la circunvalacioÌn y, oh, sorpresa, estaÌ despejada. Un espejismo. La caravana ya es una pesadilla en mi vida. Me acosa. Se me aparece otra vez cuando conduzco paralelo al parque de San Juan, en la misma circunvalacioÌn. Mal rollo, penseÌ. QueriÌa usar la carretera vieja a JinaÌmar y desembocar en la GC-1 por Piedra Santa (justo despueÌs de la potabilizadora). EstaÌ visto, deduzco, que muchos habraÌn pensado lo mismo. Nada. Descartado. Busco una alternativa. Bajo por la carretera de La Pardilla. Con la misma, el accidente, que yo ubica- ba en La Mareta, se produjo antes del enlace de esta viÌa con la GC-1. Craso error. Fue en Las Terrazas. LlegueÌ a la rotonda de Macro y... hecatombe. Atascazo. Esta vez no veiÌa salidas.
Todo era una cola. Por arriba, por abajo. Coches y coches. SolucioÌn. Me rindo. Desisto. Me olvido de la redaccioÌn y me quedo en Telde. Siento un alivio pasajero. Otro espejismo. DespueÌs de un rato me fugo por el vial costero. Ingenuo. Cola en la Avenida del Cabildo. La rotonda del Drago estaba colapsada. Bueno, sigo en direccioÌn sur. BuscareÌ otra subida a Telde. Descarto la de la carretera de Melenara. Esa es otra jaula. Y acabo entrando por Las Huesas y subiendo por Lomo los Frailes y El Caracol, otro atajo. Llego a la circunvalacioÌn, pero ya se habiÌa contagiado.
En fin, una hora gastando gasoil, tiempo y salud. Yo no seÌ cuaÌl es la solucioÌn. Si tren, globo o submarino. Pero maÌs carreteras y coches, no, por favor.





























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