GAUMET FLORIDO
Las cifras bailan, seguÌn la fuente, pero la mayoriÌa coincide en que 2018 se cerroÌ con 47 mujeres viÌctimas de violencia de geÌnero a manos de sus parejas o exparejas, maÌs otras 4 que fueron asesinadas por agresores con los que no manteniÌan relacioÌn sentimental pero cuyo moÌvil fue la violacioÌn o la dominacioÌn. En total, 51 mujeres solo en un año. Si se tienen en cuenta las estadiÌsticas desde que hay registros oficiales por este tipo de violencia, es decir, desde 2003, la cifra de muertas asciende a 975. Error. 976. Ya hay que sumarle otra de 2019.
El dato es escalofriante y desalentador, una atrocidad para una sociedad como la española que se tiene por avanzada. Pero es que, ademaÌs, pone de manifiesto que se trata de una violencia especiÌfica, estructural, que requiere una respuesta social, policial, juriÌdica y poliÌtica que ha de ser igualmente especiÌfica. SiÌ, señor Casado, tambieÌn poliÌtica. Un drama de este calibre debe estar al margen de la ocurrencia mitinera, del titular forzado o del guiño a un hipoteÌtico o futurible socio parlamentario.
No puede minimizar esta masacre insostenible comparaÌndola con otro tipo de violencias, por mucho que se produzcan tambieÌn en el marco de una relacioÌn familiar o domeÌstica. En España, y en muchas partes del mundo, se mata a la mujer por ser mujer, por tomarla como una posesioÌn personal. Por eso celebro que ayer enmendara su postura, aunque no haya sido original y haya recurrido al truco del almendruco, o sea, a culpar al mensajero, al periodista de turno, como es norma y costumbre en el manual del poliÌtico español. Eso es lo de menos. Lo de maÌs es que tome conciencia de la gravedad de esta realidad y que el liÌder del PP le deje claro a Vox, a sus propios votantes y a quien sea, que el partido con maÌs diputados en el Parlamento español tiene un compromiso firme contra la violencia de geÌnero, como no podiÌa ser de otra manera, y que eso no puede ni debe depender de un pacto electoral ni de un legiÌtimo intereÌs partidista.
No puede ser que el poliÌtico nacional que maÌs ha recurrido a la manida estrategia del que viene el lobo, el que ha centrado sus reproches al presidente SaÌnchez en una supuesta entrega de la unidad de España a los independentistas catalanes (por cierto, una prebenda nunca demostrada), sea capaz de poner en solfa ahora la violencia sufrida por cientos de mujeres con tal de sentar a su partido en el gobierno andaluz. El liÌder que maÌs ha reprochado al Ejecutivo central que pretenda gobernar a costa de no seÌ cuaÌntos pecados capitales no puede imitar ese comportamiento que tanto critica y plegarse a los deseos de un supuesto socio ante un asunto para el que no caben medias tintas.


























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