TELDEACTUALIDAD
Telde.- Los vecinos de Lomo Magullo sufren el síndrome de hartazgo por reiteración de abandono, tras llevar siete años pidiendo que terminen sus instalaciones deportivas y no obtener respuesta.
Mens sana in corpore sano, una verdad irrefutable. Corpore sano in estadio inacabado, una mentira indiscutible.
Y en esa tesitura se ven los vecinos de Lomo Magullo, que llevan siete años esperando que el Ayuntamiento se haga cargo de las canchas deportivas que se empezaron a construir con base en un proyecto ilusionante y que, como temían en el barrio, se quedaron a medio hacer, según se detalla en un reportaje de Blanca Esther Oliver publicado por Canarias7.
Miguel Florido, presidente de la asociación de vecinos La Talla, recuerda aquel episodio como si fuera ayer. «Cuando nos presentaron el proyecto, nos pareció estupendo. Sólo les pedimos una cosa: que lo acabaran. Y mira usted por dónde hoy es el día que ahí están las canchas, sin terminar y sobreviviendo sólo porque nosotros nos encargamos de vigilarlas, controlarlas y limpiarlas», asegura.
El malestar vecinal alcanzó tal nivel que las autoridades intentaron inaugurar las instalaciones, pero los vecinos se negaron y el acto quedó aplazado sin fecha... y así continúa.
Según Florido, el proyecto original contemplaba la conversión del antiguo campo de fútbol de tierra en una zona polivalente, la construcción de una cancha para practicar balonmano y baloncesto, la creación de un terreno de juego para fútbol siete con césped artificial y el arreglo de los vestuarios y las duchas. «Además de habilitar dos pistas de pádel que no se hicieron», apostilla el portavoz vecinal.
Así se diseñó en el papel. Sin embargo, la realidad es que las duchas y vestuarios están cerrados con soldadura, porque en su día fueron pasto de vándalos que provocaron destrozos, se arrancaron los cables y se llevaron las acometidas eléctricas.
Las instalaciones carecen de agua, luz y vigilancia y, según los vecinos, a lo largo de los años se han convertido en el escenario ideal de botellones, acampadas en vacaciones de Semana Santa, concursos de tiro con arco o en campo para entrenar perros.
Estas deficiencias han minorado considerablemente las expectativas que se tenían para las instalaciones, que iban a ser utilizadas por la mayor parte de los vecinos y por los cerca de 200 alumnos del colegio para realizar sus actividades deportivas.
«En el barrio había equipos de fútbol federados infantil, cadete y veteranos que han desaparecido, porque no podían entrenar sin duchas ni vestuarios», cuentan. «Hemos tenido que fumigar nosotros, porque los perros llenaron la zona de pulgas».
Ahora mismo, el uso de las canchas se reduce a los grupos que se acercan a caminar o a correr mientras no oscurece, y son los vecinos quienes se encargan de limpiarlas y vigilarlas, «hasta el punto de llamar a la Policía Local cuando vemos algo raro». «Hemos recurrido al Ayuntamiento para reclamar soluciones, pero no responden», concluye. «Esto aún tiene arreglo, pero deben intervenir cuanto antes».
“Esta acabada”
El concejal de Deportes, Diego Ojeda, se manifiesta con contundencia. «La obra se terminó tal y como estaba proyectada, sin luz, sin agua, sin vallado perimetral y sin gradas. Nada quedó a medias».
Detalla que el Ayuntamiento la limpia con regularidad y afirma que si bien en otras zonas, los vecinos se involucran y cooperan en los cuidados, en Lomo Magullo no ocurre , «porque allí el asociacionismo se terminó hace años».
Recalca que los vestuarios están cerrados porque no se usan, ya que no se practica deporte reglado ni hay clubes federados. «Con nuestro presupuesto y personal, la prioridad es arreglar las zonas de mayor afluencia de usuarios. Cuando se pueda, haremos un esfuerzo y solucionaremos el caso de Lomo Magullo».




























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