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Algunas notas sobre el Mataculebras en Telde

Manuel J. Lorenzo ofrece algunas apreciaciones sobre el ritual que anualmente se representa en el instituto de La Rocha

dojeda Martes, 20 de Febrero de 2018 Tiempo de lectura:

MANUEL LORENZO

Lo que vamos a relatar es consecuencia de lo publicado recientemente en el periódico digital TeldeActualidad sobre la tradición canaria de origen afrocubano Matar la culebra. Y felicitamos al profesor Antonio Betancor por haberla coordinado y mantenido a lo largo de dieciocho años en el IES José Frugoni de Telde.

 

Pero, además de lo dicho, y considerando lo anotado en el mencionado medio de comunicación, queremos hacer algunos comentarios. Es muy positivo evitar determinados fallos de interpretación y formales, considerables. Y, de otro lado, siempre es loable aclarar bien las cosas. Se decía que Antonio Betancor aprendió a matar la culebra con el fallecido monitor de la escuela municipal de folklore de Telde, Jorge Vega Peña. Pero ahí no acaba la historia, Jorge Vega tuvo como nexo a su hermano Miguel, quien, durante varios años, fue miembro del Grupo Folklórico de la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna, colectivo que recuperó la tradición (libro, exposición y representación) el año 1997 en el Puerto de la Cruz, donde había dejado de celebrarse a partir del año 1982. Año por año la mencionada agrupación folklórica ha puesto en escena el mataculebra, llevándolo a cabo en Telde, acompañado de otros actos, el año 1999.

 

Nuestro aprecio y amistad con los hermanos Miguel y Jorge Vega Peña nos enorgullece. Quienes valoramos, defendemos y amamos los asuntos concernientes a nuestra desconocida, menospreciada y riquísima cultura tradicional entendemos, perfectamente, las dificultades que en sus inicios tuvo el profesor Antonio Betancor para echar a caminar el mataculebra en su instituto. Tampoco es nuevo que tras su jubilación desaparezca en el centro la manifestación que él emprendió y mantuvo latente. Eso ha sido muy común en el ámbito de la cultura tradicional, es decir, se apaga el “motor” y todo desaparece. Un ejemplo, tras el fallecimiento del Maestro José Luis García Martín, dejó de matarse la culebra en el colegio San Agustín de La Orotava. Es una cuestión de orgullo, una manera fecunda “de hacer patria”.

 

Creemos que no hay país en el mundo que supere a Canarias en lo que concierne a representaciones antiguas del carnaval, muchas de ellas de tradición milenaria: los carneros, matar la culebra, los diabletes, las cabritas, el oso, el cho Perico, el entierro tradicional de la sardina, los buches… Apenas son consideradas, sublimadas y difundidas, tal como acaece en los países orgullosos del legado cultural de sus padres y abuelos. Da la impresión – observando lo que ofrecen los medios de comunicación – de que no hay más carnavales que los de Santa Cruz y Las Palmas, plagados de representaciones recientes, de nueva creación, en las que el culto al lujo, al espectáculo y al derroche están a la vista de todos. Nuestra admiración y respeto para quienes, contra viento y marea, sienten, defienden y mantienen a la vieja tradición.

 

Manuel J. Lorenzo Perera es director del grupo folklórico de la Facultad de Educación de la Universidad de La Laguna.

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