TELDEACTUALIDAD
Telde.- Esta es la historia de Boby. Un pequeño perro, de la raza chihuahua, que fue víctima de un ataque por parte de otro can, un stafford, cuyo dueño lo paseaba por Telde sin correa ni bozal.
Según relata su dueño, fue el 1 de enero de 2017 cuando Boby fue agredido. El stafford, considerado un perro potencialmente peligroso (PPP) se lanzó “ferozmente” hacia él, provocándole una herida abierta en el cuello que a punto estuvo de costarle la vida.
Tras 46 días hospitalizado, Boby consiguió salir adelante y recibió el alta médica, aunque todavía sigue arrastrando secuelas del ataque.
Su dueño, que ha tenido que hacer frente a una factura de unos 2.000 euros por los gastos veterinarios, denunció los hechos y puso el caso en manos de la Justicia. Quiere que los Tribunales le retiren los perros a la otra persona ya que, asevera, los pasea por la vía pública sin ningún tipo de control pese a ser razas consideradas como potencialmente peligrosas.
Sin embargo, el Juzgado de Instrucción Nº 1 de Telde ha archivado la causa. Algo con lo que el propietario de Boby no está para nada de acuerdo.
(*) Nota de redacción: Advertimos que las imágenes que acompañan a esta noticia pueden herir la sensbilidad de los lectores.
Boby, un héroe que busca justicia
Como suele decirse, comenzaré desde el principio. Antes he de presentar a Boby, el verdadero protagonista de esta historia y quien si pudiera, se las contaba el mismo a lametones.
La verdad es que no comenzamos bien el año, puesto que el mismo 1 de enero, mientras paseaba a Boby, mi chihuahua de 6 años, fue atacado ferozmente por un can de raza stafford. El individuo que lo acompañaba junto con otro can de la misma raza, los llevaba sin correa ni bozal, algo que es ilegal.
Tras unos segundos en estado de shock y cuando por fin suelta a mi pobrecito Boby, ese individuo se dirige a mí para dedicarme tan delicadas palabras; “Ya te lo mató, tiralo pa’ allí”. Por supuesto se marchó sin mirar atrás ni hacer nada por nosotros. Efectivamente, cuando lo recogí del suelo lo daba por muerto, tenía su pequeño cuello abierto de lado a lado, sangraba mucho y no se movía, sin embargo, pasados unos segundos Boby se aferró a la vida, y desde hoy Boby es mi campeón.
Él se agarró a la vida y yo no lo pensé ni un segundo y fui a buscar la mejor ayuda aún sabiendo que no podía permitírmelo, puesto que no percibo ningún tipo de ingresos. Esa misma noche fue ingresado de urgencia en el Hospital Veterinario Los Tarahales, desde aquí agradecerles todo el trabajo y cariño que hemos recibido.
En los días posteriores y viendo como aumentaba la factura, desesperado busqué ayuda en la protectora de animales, Perros sin Ayuda en Canarias, quienes sin pensarlo dos veces se ofrecieron a difundir el caso de Boby por las redes sociales, buscando donativos de gente buena, que sin conocernos de nada, destinaron una parte de su renta a pagar la factura de Boby que rondaba los dos mil euros.
Tras 46 días hospitalizado por fin tengo a Boby en casa, casi recuperado. Eso si, hablamos de las heridas físicas, porque lo cierto es que no es el mismo, le teme a todo y ni siquiera quiere dormir solo. Aún no tiene el alta médica, teníamos pendientes varias sesiones de láser para ayudar a cerrar la herida abierta. Por lo que debo desplazarme hasta Las Palmas al menos una vez por semana para continuar con su tratamiento.
Pero mi peripecia no termina aquí, sigo luchando para que le sean retirados los animales a ese individuo, que los pasea por la vía pública sin ningún control, puedo incluso vaticinar que no dispone de ninguna documentación legal sobre los canes. Sí, puedo suponerlo, puesto que aún no ha presentado nada ante el Ayuntamiento de Telde.
Yo mismo presenté la denuncia correspondiente por el ataque y en los días siguientes me acerqué al juzgado para ir adjuntando toda la documentación, fotografías del estado de Boby, informes veterinarios, facturas, etc. Cual ha sido mi sorpresa al recibir este 7 de Marzo el auto del Juzgado de Instrucción No1 de Telde comunicándome que, “tras haber examinado detenidamente las actuaciones” el caso debía archivarse sin ningún cargo. Este juzgado no ha podido examinar nada, ya que la carta que he recibido data del 4 de Enero, una fecha en la que yo aún no había presentado ningún tipo de documentación y/o prueba, únicamente tenían constancia de la denuncia, la cual no consideran delito.
Desde el primer día pensé optimista que la cuantía total sería reembolsada por parte de ese señor, pero parece que no. Parece que yo, que atiendo mis obligaciones y mis derechos como ciudadano, he de pagar, una, todo lo que ha costado económicamente la recuperación de Boby, otra, el sufrimiento por el que hemos pasado ambos y como ya dije las secuelas psicológicas que le han quedado a Boby, quién sabe si ya de forma permanente y añado otra más, la impotencia en la que quedamos al no tener unas leyes que no solo no nos amparan sino que toleran que esta clase de individuos continúen con su vida sin que recaiga sobre ellos ninguna consecuencia, por algo que no he provocado ni mucho menos buscado. Así esta la justicia para mi.
Hoy aún me queda por pagar 487,45€ y lo único que esperaba con la denuncia que interpuse era, además de que reembolsaran los gastos como es lógico, que comprobaran que esos animales están en regla, como yo tengo a los míos, tal como dicta la ley. Cabe destacar que los canes de este individuo están catalogados como PPP(Perros Potencialmente Peligrosos) por lo que además debe tenerlos asegurados y con licencia.
No puede tolerarse que una persona sin ningún pudor no solo permita sino que además fomente el ataque a otros seres. Y digo seres porque aquel 1 de Enero le tocó a mi Boby, pero mañana no se sabe.
No puede permitirse que tras un ataque de estas características y con una factura tan elevada como la de mi pequeño Boby, quede impune. Hoy, sigo luchando por mis derechos, por los derechos de los animales, para que esto no vuelva a suceder. Justicia por Boby.





























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