SEGISMUNDO URIARTE
La noticia del cierre definitivo del bar de Buenaventura en Telde no ha pasado desapercibida para todas las personas que lo hemos conocido porque fue durante muchos años un lugar emblemático de esta ciudad.
Tenía un ambiente especial no sólo por su mostrador de mármol y madera, sus mesas también de madera y mármol y su peculiar pantalla de madera, sino sobre todo por lo acogedor de su estancia, amén de su peculiar “cortado” y sus tapas que servían de reclamo a muchas personas que iban allí para reponer fuerzas o para charlar con los amigos.
El bar de Buenaventura era un lugar de encuentro, de diálogo, de debates, de noticias, de tertulias que giraban casi siempre en torno a la actualidad del municipio. Sus mesas y sus paredes han sido testigos mudos de convivencia entre las personas más variadas que se sentaban allí para compartir opiniones, discusiones o también ilusiones, como las de las múltiples parejas de novios que, compartiendo un cortado con su correspondiente tapa de vuelta o bebiendo algún refresco, hacían números y proyectos de futuro. Lógicamente me estoy refiriendo a los novios de antaño porque hoy en día casi todas las parejas de jóvenes lo único que comparten es su afición por el móvil.
Por allí desfilaron muchos políticos que, sobre todo en época electoral, querían hacerse ver y mostraban una amabilidad y cercanía muchas veces artificial con todas las personas que allí se encontraban. A él acudían muchos empleados de la banca o empresarios para descargar un poco de la tensión que les provocaba su trabajo. Allí también se iniciaba o cerraba algún negocio porque era un sitio tranquilo a pesar de estar en un lugar muy concurrido.
El bar de Buenaventura ha visto pasar por él a tres generaciones y albergaba una peculiar decoración con piezas únicas que le daban un toque especial. Durante muchos años contribuyó a poner aroma al entorno en el que se encontraba a causa del tueste del café utilizado para sus famosos e inconfundibles cortados servidos con exquisita amabilidad por unos empleados que muchas veces participaban también en las conversaciones.
Particularmente, recuerdo especialmente los momentos que iba a tomar un cortado antes de acudir semanalmente a la entonces emisora de radio Antena 3 para llevar a cabo un programa radiofónico a primeras horas de la mañana. Aquel cortado contribuía a entonar el ánimo y afrontar con más optimismo la tarea radiofónica.
Hay negocios que no se pueden mantener con su historia y, si además, las nuevas generaciones no están por la labor de resistir, lamentablemente desaparecen dejando atrás la nostalgia de todas las personas que fueron sus clientes fieles. Esa nostalgia es lo único que seguramente perdurará en la memoria mientras que el lugar que hasta ahora ha ocupado pase a tener otros fines propiciados quizá por otros intereses urbanísticos.
La ciudad de Telde ha perdido al bar de Buenaventura, pero las historias que ese lugar ha albergado van a formar parte del legado popular porque han sido interpretadas por todas aquellas personas que algunas veces cruzaron el umbral de un lugar acogedor, amable y entrañable.
Segismundo Uriarte Domínguez es maestro y técnico en Radiodifusión.




























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