Telde.- El ex alcalde Francisco Santiago anunció anoche el comienzo de las fiestas de San Antonio de Padua 2016. Y lo hizo con entrañable pregón presentado por el comunicador Ezequiel López y celebrado el local social del barrio, repleto de público, y al que asistió una amplia representación del espectro político, social, cultural y económico del municipio. Entre ellos se encontraba una nutrida comitiva de autoridades locales encabezada por la alcaldesa Carmen Hernández y conformada por ediles tanto del Gobierno como de la oposición.
Santiago, que durante más de una década residió en este núcleo poblacional de la ciudad de Telde, evocó muchas de las vivencias, anécdotas y acontecimientos que experimentó en su etapa como vecino de San Antonio. Un barrio al que definió como un “oasis de tranquilidad y sosiego”, y del que resaltó su espíritu de camaradería y solidaridad. En el que el afán por ayudar se ha convertido en sello de identidad de sus gentes, dijo.
El pregonero hizo un repaso por la historia reciente de San Antonio, recordando algunos de sus hitos más destacados, al tiempo que rememoró sus avances al abrigo del creciente movimiento vecinal. De cómo las reinvindicaciones de sus luchadores habitantes fueron dando sus frutos en forma de nuevos equipamientos y mejoras que revertieron en el progreso del barrio.
Ademas, Santiago lanzó un llamamiento. El de volver a las fiestas populares de antaño. “Aquellas, sanas y nuestras, de cercana concurrencia”. Aprovechar estas celebraciones para disfrutar y fortalecer aún más los lazos de vecindad de San Antonio, pero sin dejar de lado a lucha por una igualdad social, concluyó el pregonero.
Las actuaciones del cantente de música mexicana Pedro Bermúdez y de la Parranda San Antonio, colectivo que aprovechó para presentar públicamente su último disco, pusieron el colofón a la noche.
Las fiestas de San Antonio se prolongarán hasta el próximo 19 de junio. Desde la Comisión de Fiestas se ha elaborado un cuidado programa de actos que incluye para este lunes, 13 de junio, una merienda entre vecinos (18.00) y, a continuacón la proyeccón del cortometraje Recordando nuestars fiestas.
El sábado 18 de junio está previsto una obra de teatro (20.30 horas) dirigida y escrita por Nélida Quintero y representada por los vecinos del barrio y una verbena (23.00 horas) amenizada por Línea Latina. El domingo 19 será el día grande de las fiestas. A las 12.00 se oficiará una eucaristía en la plaza pública para, posteriormente, dar comienzo a la tradicional procesión con la imagen del santo por las calles del barrio.
Como broche de oro de los fastos, habrá un almuerzo popular y una verbena del solajero, así como una exposición de fotos realizadas por Javier Falcón.
Pregón de las fiestas de San Antonio 2016
Dice el refranero popular de manera muy acertada, que es de bien nacido ser agradecido….. y como no podía ser de otra manera, quisiera que mis primeras palabras esta noche fueran para eso. Para mostrarles mi más sincero agradecimiento a la Comisión de Fiestas, por haberme invitado a estar aquí compartiendo este momento con todos y todas ustedes y por haberme dado la enorme satisfacción de pregonar estas fiestas en honor a San Antonio de Padua, patrón de este histórico barrio de Telde.
También quiero agradecer a todos los vecinos, amigos y familia que hoy están acompañándome en este encuentro, que da el punto de salida a las fiestas de este entrañable barrio teldense.
Gracias a esta condición mía de pregonero hoy, me permite, por unos instantes ser de nuevo, el vecino de este barrio que fui durante más de una década de mi vida.
Si por pregonar entendemos elevar con palabras al viento lo que un día quedó en nuestra memoria y corazón, yo hoy vengo a hacer un sano ejercicio de ello. Y lo hago sin más pretensión que la de compartir con todos y todas vivencias, anécdotas y acontecimientos que viví en este querido barrio. Al mismo tiempo que evocar al Santo Padrón de este señero lugar: San Antonio de Padua.
Como algunos de ustedes saben, procedo de una familia del norte de Gran Canaria, concretamente de Montaña Alta de Guía, que por los años 60 emigró hacia Telde para tratar de labrarse un mejor porvenir. Al igual que lo hicieron la mayoría de las gentes que iban poblando los barrios y municipios del Sur y sureste de Gran Canaria.
A pesar de los años transcurridos, recuerdo como si fuera ayer la primera vez que pisé las calles de este barrio. Era aún muy niño, tendría unos 10 años. Fue un domingo por la mañana.
Atravesé caminando el trecho que unía el final de La Pardilla, donde vivía, con la plaza de San Antonio y en ella esperé al panadero, al que ayudaba a repartir sus encargos para así recibir algunas propinas y hacerme más llevadera la vida de adolescente.
Mientras le esperaba, recuerdo que un niño jugaba con su patineta, artilugio aquel que nunca había visto y nunca probé, aunque les reconozco que me hubiera gustado.
Cada domingo por la mañana intentaba llegar aún más temprano para ver si podía recrear cómo aquel niño daba vueltas aquí y allá con aquel juguete y yo en mi desconsuelo. Después llegaba el panadero y con la tarea, mi vuelta a la realidad.
Quien me iría a decir entonces que no muy lejos de aquella plaza, más en concreto en la Calle Solis, en la finca de D. Daniel Ramos y Dña. Rosa de La Nuez, iría a vivir luego, con dos de mis trece hermanos, durante más de una década, allá por los años 70.
Una vida que siguió siendo dura porque salía muy de madrugada y regresaba casi de noche. Era a lo que obligaban muchos de los oficios de la época. Tal vez la dureza de esos años, es la que precisamente me hizo admirar más la tranquilidad del barrio, el sentido de camaradería de sus vecinos, la cercanía de sus gentes, el afán por ayudar y cómo todo eso al tiempo se convertía en sello de identidad que ya después, como dirigente vecinal y como alcalde, comprobé que se convirtió en bandera.
Cuando llegué a este barrio observé que era uno de los lugares mejor considerados de la ciudad de Telde, tanto por la cercanía a San Juan, como por las dotaciones que tenía el mismo. A diferencia de otros núcleos de población del municipio, este lugar tenía, plazas, escuelas, ermita, tiendas, bares, barbería, carnicería… y hasta una tierra muy fértil para la actividad agrícola.
Entre los recuerdos que conservo de aquella época, de mi juventud vivida aquí, eran los famosos “bailes” y las verbenas que se celebraban en la antigua Sociedad el Tabaibal y en la plaza del barrio respectivamente, celebres en todo el municipio y si me apuran un poco también fuera de él, pues a ellos acudían gente procedente de otros lugares de la isla.
Recuerdo también la pequeña Ermita y su Plaza, fundada en el primer tercio s. XVII por la familia Castillo-Olivares, bajo la advocación del franciscano San Antonio de Padua. Ermita a la que acudía mi madre los sábados por la tarde, junto con vecinos y vecinas del barrio y de otros lugares cercanos a la celebración de la Eucaristía.
La ermita de S. Antonio, era propiedad privada hasta que la recibió el Ayuntamiento de Telde, fruto de un convenio urbanístico, a través del cual se obtuvieron varios inmuebles como la Casa de la Marquesa, el estanque de la C/ Alto de Los Leones, el suelo para el equipamiento social de Yrichen, más suelo para el patrimonio municipal, un estanque y otras propiedades en la zona del Hornillo.
La Ermita se encontraba en muy mal estado, motivo por el cual fue rehabilitada a partir del año 2011, ya que anteriormente no podía llevarse a cabo su restauración, por el hecho precisamente de ser propiedad privada….
Recuerdo que en la primera etapa de mi llegada a San Antonio, existía un almacén de empaquetado de tomates, llamado el Almacén de los Betancores, donde trabajaban en su mayoría, mujeres del barrio y daba puestos de trabajo a numerosas personas de otros lugares cercanos.
En aquella época también existía un importante Almacén de empaquetado de plátanos conocido por el Sindicato de la Zarza, seguramente por estar ubicado en el núcleo del barrio llamado por ese nombre.
En aquellos tiempos, Telde, al igual que gran parte del sureste y sur de la isla, no tenía mano de obra suficiente para cultivar sus plantaciones por lo que se tuvo que dotar de personas procedentes de otros lugares fundamentalmente del Norte y Noroeste de Gran Canaria.
Y así, familias completas bajaban en camiones con todos sus enseres a hacer la zafra, que duraba unos seis meses, viviendo muchas de ellas en cuarterías. Mi propia familia fue un claro ejemplo de ello. En la mayoría de los casos estas familias se fueron quedando para luego incorporarse a trabajar en la construcción, la industria, el turismo y otros oficios.
Más tarde, al lado del Almacén de los Betancores se instaló una importante industria de carpintería, INSA, donde se fabricaba todo tipo de muebles fundamentalmente para los nuevos edificios, pero también para apartamentos y hoteles del sur, que originó números puestos de trabajo en el barrio y en el municipio de Telde.
No cabe duda de que eran años muy duros y difíciles y ello porque los medios eran muy escasos, y la tecnología casi no existía. Todo ese esfuerzo de mujeres y hombres que trabajaron duramente en aquella época, hizo que durante la década de los 60, la ciudad de Telde se convirtiera en un gran motor de la economía de Canarias, por sus plantaciones de tomates, sus grandes almacenes de empaquetado para los mismos, pero también de plátanos y otras frutas; que se destinaban a la exportación hacia los mercados europeos. A todo ello el barrio de San Antonio contribuyó en gran medida.
Años después de residir en el barrio, acudí a él muchas veces, para ver como emergía aún con más fuerza su propio movimiento vecinal y a su sociedad se le unía una asociación de vecinos que tendría mucho que decir en el progreso, acondicionamiento y dignificación de los equipamientos que merecía.
Junto a muchos de sus dirigentes se consiguieron logros sociales que, tal vez hoy para las presentes generaciones, pasen desapercibidos pero, bien saben muchos de los que hoy están aquí que, ver pavimentadas las calles y arregladas sus aceras, construido un colegio y también un local social y hasta tener luz o agua de abasto suficiente en nuestras viviendas, no fue ni fácil ni algo regalado o que cayera del cielo.
Creo que en este punto del pregón merece una mención especial el Santo que ha dado nombre a este barrio, por ello quiero hacer una breve reseña de San Antonio de Padua, a modo de admiración y respeto a este venerado Santo.
Nace en la ciudad de Lisboa, es el primer hijo de una familia noble, poderosa y rica. Fue bautizado con el nombre de Fernando. Desde muy niño se entregó a la oración con amor y devoción.
Cumplido los 15 años Antonio abandona su vida familiar fastuosa e ingresa a la orden de los Canónigos Regulares de San Agustín, es con ellos donde se desarrolla su vida intelectual, convirtiéndole en uno de los canónigos más destacados de Europa.
Es ordenado Sacerdote a la edad de 25 años. Sin embargo, lo que más le conmovió al santo fue el encuentro personal con los Franciscanos venidos de África y le impacta su pobreza y sencillez. Ingresa a la orden Franciscana y se va a misionar a África, pero una enfermedad de Malaria no le permite realizar el sueño que ardientemente deseaba, y tuvo que regresar a Europa.
San Antonio es enviado a predicar a las regiones más difíciles, destacándose por su cercanía a los más pobres y su crítica a las injusticias de su tiempo, por lo que es considerado un apóstol de la paz y la bondad.
Su incansable labor misionera termina a muy temprana edad, murió el día 13 de junio del 1231, a la edad de 36 años. A los once meses de su muerte fue beatificado.
En 1946 fue nombrado santo patrón de Padua y Portugal.
Ahora situémonos por un momento en la fiesta, en esa que permite reponer las energías perdidas que decía el misionero, esa a la que invitaba el teólogo y canariólogo Felipe Bermúdez en su libro Fiestas Canarias, “como nosotros necesitamos el aire para respirar, los pueblos necesitan la fiesta para vivir”.
De ahí que, por analogía, diga que las fiestas son la respiración de los pueblos y hoy, como todos los años por estas fechas, San Antonio para, para tomar aliento, para tomar una bocanada de aire de encuentro e identidad.
Volvamos a las fiestas populares, aquellas, sanas y nuestras, aquellas de cercana concurrencia e igual devoción que expansión. Aquellas que se celebran, porque ellas también fueron germen, embrión, de un mundo llamado a ser mejor.
Abogo como Manuel Alemán, porque esta fiesta, nuestras fiestas, sean un rompimiento del mutismo canario y de los silencios.
Pero sólo de esos silencios que están envueltos de tantos lamentos y pesares que precisamente en celebraciones populares como esta ceden el terreno que nos arrebataron para, por unos días, abrir paso a la camaradería, el encuentro fraterno, la unión vecinal, ese hermoso sentimiento colectivo de nombre Nosotros.
Que estos días de fiesta que vienen lo sean para que el barrio de San Antonio, ese oasis que es de tranquilidad y sosiego durante el resto del año, se llene de padres que aquí fueron niños y por las fiestas retornan, de abuelos que hoy miran hacia atrás para acordarse de pasajes de cuando eran ellos quienes corrían tras los que hoy les toca correr y con nostalgias también recordar sus andanzas.
Celebremos sí, pero luchemos también porque, en medio de este mundo revuelto, de esta sociedad que parece estar dando síntomas encaminados a parir una nueva realidad, los sentimientos de camaradería que anidan en las fiestas populares trasciendan al día a día.
Que la fiesta de los poderosos de este planeta se acabe y de paso a la revolución alegre de los que son el 99% restante, porque el futuro de quienes vivimos en él o es común y humano o no será futuro.
Los que un día vimos los cambios deseados para Telde, para Canarias o para España, como un horizonte posible no cejamos hasta conseguir muchos logros. ¿Por qué tendría que ser distinto ahora?.
Rememoremos aquellos tiempos que también fueron de dificultades, retos, desafíos y amenazas, pero también la constatación de que juntos, unidos, supimos y ahora también sabremos superar para mejorar.
Que disfruten de la fiesta y que los recuerdos que esta edición les deje sirvan para que los lazos entre sus vecinos y vecinas aún se refuercen más.
Ya para terminar mi pregón, no quiero dejar de manifestar mi especial admiración y vinculación a este querido barrio, que siento tan cercano por varios motivos: Primero por mi entrañable etapa de vivir como vecino en él, donde coincidió en los años de mi toma de conciencia en el compromiso para la mejora de la sociedad. Segundo porque fue el barrio que me unión a muchas familias, como la familia Benítez Ramos, de la que procede mi mujer; familia a la cual tuve la gran satisfacción de conocer, desde su abuela Conchita Benítez y a su hermana Lolita (esta última compañera y amigas de mis tías y de mi madre en el norte de la isla, con la que nos reencontramos en este lugar).
Y como no también quiero tener presente a Panchito y Chano Benítez, este último fallecido hace unos meses; que antes de formar parte de su familia, me acogieron con mucho cariño y afecto, de lo cuales me queda un entrañable recuerdo que siempre tendré conmigo.
Finalmente no quiero despedirme sin hacer una breve mención a la Sociedad El Tabaibal de San Antonio, de la cual soy socio desde que vine a vivir aquí hasta el momento actual, y de la que me siento muy orgulloso por la labor social que siempre ha llevado a cabo, dinamizando al barrio y haciendo que el mismo sea un referente para la ciudad de Telde.
En este punto quiero hacer un reconocimiento a todos los directivos que han regido el movimiento vecinal, tanto en la Sociedad del Tabaibal como en la Asociación de Vecinos y en las diferentes Comisiones de Fiestas.
De todos ellos hago una mención especial al que fuera uno de sus presidentes, Cristo Manuel Falcón Ortiz, con quien, desde mis distintas responsabilidades institucionales, tuve la oportunidad de colaborar para la mejora de la infraestructura de esta Sociedad.
Me despido ya. … Decía el canariólogo Manuel Alemán, que la fiesta es para el canario no sólo una oportunidad para el divertimiento, sino el lugar donde mejor se expresa el rico abanico que forja su identidad como pueblo diferenciado.
Allí donde nuestro yo particular, fruto del crisol de culturas que nos han ayudado a forjarnos como pueblo, brotan de la forma más espontánea con nuestra música, nuestra vestimenta tradicional, nuestros símbolos, nuestra forma de ser, nuestra cultura milenaria.
Deseo que todos los vecinos y vecinas de este barrio disfruten del programa de actos que ha organizado con gran esfuerzo y entusiasmo la Comisión de Fiestas.
Queridos amigos y amigas, vecinos y vecinas de San Antonio y quienes desde otros lugares nos acompañan, un fuerte abrazo, y viva en estas fiestas el espíritu y ejemplo de San Antonio de Padua. Muchas gracias.
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