Gran Canaria es una isla de casi un millón de habitantes, si contamos a su población flotante, cuyo suministro energético sigue fundamentándose en importar petróleo que nos llega en barcos a través de nuestros puertos.
A pesar del salto cuantitativo de la energía eólica y de la energía solar fotovoltaica en los últimos años, la contribución de las energías renovables a la electricidad de la isla ronda el 20%. A esto hay que añadirle que el consumo de electricidad representa alrededor de un tercio del consumo de energía en la isla.
El resto del consumo energético se dedica en su mayoría al transporte y, en mucho menor medida, a la generación de calor. La contribución de renovables en estos sectores es prácticamente inexistente. De lo que se deduce que el porcentaje de renovables con respecto al consumo global de energía de la isla ronda el 7%. De ahí el enorme reto que supone conseguir que el 100% del consumo energético de la isla sea renovable en el año 2040, objetivo político ratificado por el Parlamento del Gobierno de Canarias y por el propio Cabildo Insular.
Gran Canaria no cuenta con recursos energéticos convencionales, pero tiene unos recursos envidiables tanto de energía eólica como de energía solar. Los estudios del potencial de energías renovables en Gran Canaria muestran unos resultados espectaculares. Existe potencial de energías renovables para abastecer toda la demanda eléctrica, tenemos mucha energía eólica, energía solar y tenemos unos recursos en el mar muy importantes, sobre todo de energía eólica marina. En definitiva, la combinación de agua, sol y viento puede autoabastecer a Gran Canaria... en media anual... Pero esto, ¿qué significa? Pues significa que, aunque en términos anuales podamos producir la misma cantidad de energía que la que se demanda, eso no sucede en términos instantáneos, ni diarios, ni incluso en términos estacionales.
En Canarias en general y, por ende, en Gran Canaria, tenemos más viento y más sol en verano que en invierno. En los peores días de invierno puede no producirse suficiente energía solar para satisfacer el consumo, además de que en invierno nos podemos encontrar con varios días sin viento. Todo ello nos lleva a la misma conclusión, necesitamos poder almacenar la energía, especialmente las energías renovables no gestionables, como son la solar y la eólica, para que puedan cubrir las necesidades energéticas y poder aprovechar el gran potencial de energías renovables que tenemos.
Cuando las necesidades de almacenamiento son mayores, se necesitan otros sistemas de almacenamiento
Hay múltiples formas de almacenar electricidad, pero me centraré en dos que tienen en la actualidad mayor potencial de implantación en Canarias: las centrales de bombeo reversibles y el almacenamiento en baterías que, lejos de tener que estar enfrentadas pueden, y deben, ser complementarias. Las baterías van a jugar un papel fundamental a la hora de combinarse con la generación distribuida, y no me refiero sólo a los edificios con paneles solares fotovoltaicos, sino también a la acumulación distribuida e incluso al vehículo eléctrico con una gestión adecuada.
El vehículo eléctrico no será sólo parte de un enjambre de sistemas de almacenamiento, sino una oportunidad para la gestión de la demanda. El coche eléctrico por la noche estará enchufado, pero sólo se debería cargar cuando reciba la señal que así se lo indique (por ejemplo, baja demanda nocturna a la vez que gran producción eólica). De día, el coche viaja hasta el trabajo, dónde lo podremos enchufar de nuevo para que pueda actuar como generador si así se necesitase, para poder tomar energía de las baterías en picos de demanda mediante el incentivo económico adecuado. Las baterías tendrán un rol muy importante en este contexto.
Pero cuando las necesidades de almacenamiento son mayores, se necesitan otros sistemas de almacenamiento, como pueden ser las centrales de hidro-bombeo. Todavía hoy en día, y aunque previsiblemente asistiremos a una revolución en el mundo de las baterías, tanto tecnológica como en precios, cuando se habla de almacenar miles de MWh esta tecnología todavía no alcanza esta capacidad. Además, no hay que olvidar su baja reciclabilidad, el impacto en origen (extracción de minerales) y los ciclos (y, por tanto, años) que son capaces de cubrir antes de tener que ser sustituidas (con su consecuente nueva inversión). No es sólo una cuestión de precios, sino de mantener el sistema a largo plazo y de ecología. En este contexto el Salto de Chira es crucial para poder dar respuesta a las necesidades de almacenamiento de la isla.
También hay que resaltar que el reto es aún mayor si se quiere pasar del 80-85% de cobertura con energías renovables al 100%, porque para dar ese salto hay que integrar sistemas de almacenamiento estacional que tienen un mayor coste marginal que los mencionados, o disponer de renovables que sean gestionables, como la energía geotérmica, biogás o biodiésel. Mientras más renovables gestionables tengamos, menos sistemas de almacenamiento necesitaremos. Todo ese estudio de cómo integrar las renovables y cómo almacenarlas es el gran reto que supone esa integración de renovables para llegar al 100%. En este contexto, renovables gestionables y gestión de la demanda serán claves para disminuir las necesidades de almacenamiento y conseguir que el Salto de Chira pueda cubrir una parte importante de las necesidades de almacenamiento presentes y futuras de la isla.
En cualquiera de los casos, renovables no gestionables y almacenamiento tienen que ir de la mano para poder aprovechar el gran potencial renovable de las islas y demostrar que Gran Canaria sí puede renunciar a los combustibles fósiles.
Julieta Schallenberg Rodríguez es doctora e ingeniera industrial. Profesora titular en la Escuela de Ingeniería Industrial y Civil de la ULPGC.


























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