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TELDE.- La planta de Disa en Salinetas es el principal punto de entrada del combustible que se consume en Gran Canaria. Nutren a sus propias estaciones de servicio, pero también a Shell y Cepsa, y en ocasiones a Pecan. No sólo utilizan los derivados del petróleo la mayor parte del parque automovilístico, sino que abastece al aeropuerto y a las centrales eléctricas.
Absolutamente nada de lo que sucede dentro del área restringida se deja al azar. Todo está controlado hasta el más mínimo detalle, la seguridad es estricta. Las descargas y cargas de combustible están automatizadas, no puede existir fallo humano. Las tuberías que transportan los materiales están controladas a través de un sistema que detecta fugas y mide el producto de forma constante. Lo mismo pasa con los 25 tanques y esferas que almacenan los diferentes derivados del petróleo, desde el gas butano hasta el asfalto. Cada paso se mide al milímetro porque un pequeño incidente en una instalación de estas características, donde se almacenan millones de litros de combustible, traería graves consecuencias. Aunque jamás lo han tenido, explica Julio Navarro, jefe de operaciones de Disa Gestión Logística, en un reportaje publicado por Canarias7.
El sistema que utilizan es inteligente, ya que es capaz de reconocer si es de día o de noche y determinar si el frío o el calor externo afecta al producto. Los sistemas contraincendios son también extremos. No sólo hay automáticos, sino también manuales.
Disponen de cuatro tanques de agua dulce y un grupo de trabajadores profesionalizados en la lucha contra el fuego, dotado con trajes, bombonas y material de respiración. De momento, sólo se ha utilizado en simulacros.
El control de calidad del producto también pasa por los mismos rigurosos exámenes. Para ello cuentan con un laboratorio propio a cargo de la técnico Desireé Santana. Se mide desde la carga en la refinería, pasando por la descarga, la llegada a los tanques y de ahí hasta el último eslabón, el cliente.
Tres tuberías que van directas al cliente
Una de las curiosidades de la planta de Disa es la existencia de tres tuberías que abastecen directamente a clientes. Una solo cruza la calle, hasta la empresa Vidrieras Canarias, pero las otras dos recorren kilómetros, enterradas y con un sistema de protección contra la corrosión con una duración de 30 años. La que parte hacia la derecha desemboca en la central eléctrica de Jinámar y la de la izquierda en el aeropuerto para nutrir a los aviones. Todo lo demás se traslada en camiones cisternas, que distribuyen unos 150.000 metros cúbicos de productos.
El proceso de carga es automatizado y se paralizaría en caso de equivocación. En la planta de Salinetas trabajan 82 personas y está operativa las 24 horas y los 365 días. Los derivados del petróleo llegan a la Isla a través del muelle de Salinetas o del fondeadero que tiene capacidad para barcos de hasta 20.000 toneladas. De ahí parten a los tanques a través de extensas tuberías que recorren la planta.
En el mar, la seguridad también es estricta. Disponen de dos barreas anticontaminación y un catamarán teledirigido que aspira un posible derrame.
Fuente: Cristina González (C7)


























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